Uno
viernes, 15 de febrero del 2008 a las 14:50
Para escribir esta
carta -porque de eso se trata, en definitiva, de una larga carta; una
carta de despedida- he tenido que aturdirme lo suficiente. Antes lo
hacía con música a todo volumen y con un par de tragos. Ahora ya no
alcanzan. Cada día que pasa debo hacer las mezclas más variadas, con
lo poco o mucho que tenga a mi alcance...
Sé que me estoy dañando de un modo rápido e irreversible, pero eso no cuenta. Es más: lo deseo, lo ansío visceralmente. He decidido llegar hasta el final lo antes posible, de la manera mas rápida e indolora.
Hasta el final. De eso se trata.
Pero antes debo sacarme de encima un peso intolerable. El peso de un secreto que duele y que me agobia. Algo que ni siquiera me pertenece.
Por eso estoy aquí. Por eso he abierto hoy esta bitácora, en la que iré volcando poco a poco los detalles de una historia -lo anticipo- nada feliz.
Habrá días en que no me encontrarás. Muchas mañanas, cuando me despierto y vuelvo a percibir la realidad circundante, elijo quedarme en posición horizontal, a oscuras, acosado por mis pensamientos. En esas ocasiones ni siquiera enciendo la radio o el televisor. Mucho menos pienso en conectarme con la red. Sólo espero el milagro que me libre de este suplicio. Pero no sucede y entonces, en algún momento vuelvo a las andadas.
Si has llegado hasta aquí, puede que te importe saber de qué se trata toda esta basura. Si yo estuviera en tu lugar y fuera un tipo normal, alguien que tiene fuertes motivos para vivir, para llevar adelante algún proyecto, abandonaría esta lectura de inmediato. ¿Qué sentido tiene contaminarse con el dolor, la abyección, el sinsentido?
Pero allá tú. Eres adulto y puedes elegir lo que quieras. Si lo deseas, tal vez mañana o pasado volvamos a encontrarnos.
Si es que por entonces aún sigo estando vivo.
Sé que me estoy dañando de un modo rápido e irreversible, pero eso no cuenta. Es más: lo deseo, lo ansío visceralmente. He decidido llegar hasta el final lo antes posible, de la manera mas rápida e indolora.
Hasta el final. De eso se trata.
Pero antes debo sacarme de encima un peso intolerable. El peso de un secreto que duele y que me agobia. Algo que ni siquiera me pertenece.
Por eso estoy aquí. Por eso he abierto hoy esta bitácora, en la que iré volcando poco a poco los detalles de una historia -lo anticipo- nada feliz.
Habrá días en que no me encontrarás. Muchas mañanas, cuando me despierto y vuelvo a percibir la realidad circundante, elijo quedarme en posición horizontal, a oscuras, acosado por mis pensamientos. En esas ocasiones ni siquiera enciendo la radio o el televisor. Mucho menos pienso en conectarme con la red. Sólo espero el milagro que me libre de este suplicio. Pero no sucede y entonces, en algún momento vuelvo a las andadas.
Si has llegado hasta aquí, puede que te importe saber de qué se trata toda esta basura. Si yo estuviera en tu lugar y fuera un tipo normal, alguien que tiene fuertes motivos para vivir, para llevar adelante algún proyecto, abandonaría esta lectura de inmediato. ¿Qué sentido tiene contaminarse con el dolor, la abyección, el sinsentido?
Pero allá tú. Eres adulto y puedes elegir lo que quieras. Si lo deseas, tal vez mañana o pasado volvamos a encontrarnos.
Si es que por entonces aún sigo estando vivo.




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