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zahira

martes, 26 de febrero del 2008 a las 23:48
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Cuando la trajeron ella estaba en un estado deplorable. El secuestro le había producido un shock nervioso: no hablaba ni gesticulaba. Se comportaba como una autómata. Aunque me conmovió verla así, tuve que disimular mi turbación. Demostrar piedad hubiera sido mi condena a la muerte. La Organización consideraba que la obediencia, la convicción y la disciplina eran requisitos imprescindibles para militar dentro del grupo. Cuando alguna de esas condiciones amenazaba fallar, uno se convertía de inmediato en "material descartable", con previsibles y fatales consecuencias.

Zahira estuvo dos días sin comer ni beber. Tampoco tenía control de esfínteres. Creo que sólo la fortaleza propia de la adolescencia le permitió sobrevivir a ese trance. El tercer día me despertaron unos sonidos entrecortados. Estaba llorando de manera casi silenciosa; apenas dejaba oír algunos leves gemidos. Acaricié su frente en la semipenumbra de la habitación. Era la madrugada. Me levanté y le preparé un desayuno con lo que había disponible: café soluble, azúcar, galletitas de agua.

Para mi sorpresa, se incorporó y comenzó a comer y a beber con fruición. Al principio no levantaba la vista, como si yo no existiera. Cuando terminó,  elevó la mirada y sus ojos se conectaron con los mios sin dar muestra de ningún temor. Casi diría que  sus pupilas se mostraban desafiantes.

-¿Estás bien?  -le pregunté, un tanto desconcertado.

No me respondió. Se puso de pie y giró la cabeza en derredor. Creí que estaba viendo el modo de escaparse, pero no. Simplemente buscaba el baño. Lo descubrió sola, fisgoneando hacia la izquierda. Entonces volvió a mirarme, como si consultara mi tácita aprobación, y se dirigió hacia la puerta entreabierta.

Era penoso verla caminar en ese estado. Me sentí una piltrafa. Tanta valentía juvenil, tanta dignidad,  humillaba y denigraba a sus captores.  Era increíble la serenidad con que  sobrellevaba todo ese ultraje. Comenzó ser algo insoportable  para mí. Sobre todo, porque a pesar de ser casi una niña, yo ya había comenzado a amarla.

Sí, a amarla como mujer. Fatalmente y sin medida.

 

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javier andrade

javier andrade escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre Capítulos.

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Comentarios

Uno (Ethalia)
Me preocupa que no hayas vuelto a aparecer. ¿Estás bien? ¿Se trata de ficción o es una historia ......(25 feb)

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Para escribir esta carta -porque de eso se trata, en definitiva, de una larga carta; una carta de ...
zahira (0)
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